miércoles, 28 de abril de 2010

Los caminos del deseo (Flipper)

Los caminos de la pasión

El joven señor de esta historia, a quien para abreviar llamaremos El experto (¿quién no es experto en alguna cosa?), calculaba que pensar en una mujer le impedía reflexionar sobre temas más serios, es decir, sobre las variadas actividades industriales, financieras, comerciales, no-se-sabe-exáctamente-qué, y a las cuales, a falta de una expresión más concreta se les da el nombre genérico de negocios. 
Si bien las mujeres más atractivas y deseadas se le ponían al alcance de la mano, el se mantenia alejado. De estos elementos sumarios hay que suponer que era un idealista y bien mirado lo era. Se rodeaba de secretarias, telefonistas, traductoras e intérpretes jóvenes, bellas, esbeltas, deportivas, calibradas como las animadoras de California, como las azafatas de las líneas aéreas o las dependientas de grandes almacenes, las cuales, antes de entrar de servicio, se sumergen en un molde uniforme del cual salen todas iguales. 
Su secretaria más inmediata difería de las otras por sus cabellos auténticamente rojos. 
- ¿Quiere que me los tiña? 
- Quédese como es - respondió el. 
- "Flipper" exclamó ella.
. Él hubiera perdido su dignidad si le hubierse hecho repetir aquella palabra y le hubiese preguntado lo que quería decir. Obedeciendo a humildes imperativos de su subconsciente, el trataba a su primera secretaria como un instrumento de precisión, al cual se le deben atenciones. Le aumentaba el sueldo sin esperar a que se lo pidiera, le concedía asuetos sin preguntarle para qué. Sentía por ella algo indefinible y se imponía no definirlo. 
 Habiendo recibido una rígida educación, evitaba el itinerario peligroso en contra del cual nos advierte San Agustín: "El amor espiritual genera el afectuosos, el afectuoso genera el obsequioso, el obsequiosos el familiar, el familiar genera el carnal". 
Nunca le decía que el nuevo vestido le sentaba bien, que le agradaba ese perfume...Cuando se la llevaba de viaje procuraba que en el hotel hubiera varias habitaciones enmedio de los dos. 
Y ella pensaba "Flipper.". 
En la soledad de su habitación le escribía cartas de amor que luego quemaba en el cenicero. Él quería mantener su estilo y hacía todo lo posible por no sucumbir. 
Y ella pensaba "Flipper.". 
Una noche, a la salida del restaurante entraron en una disco, donde no es posible pedir decentemente una botella de agua mineral. De regreso al hotel, ella, como corresponde a una buena secretaria, le acompañó a su habitación e introdujo la llave en la cerradura. 
- ¿Por qué dice tan a menudo Flipper. - le preguntó el. 
- Ese es el nombre de los billares electrónicos que tienen un plano ligeramente inclinado. El jugador. después de lanzar la bola metálica, intenta impedir que vaya hasta el agujero del centro, donde fatalmente se perderá, maniobrando con unas aletas de pingüino, que es de donde viene el nombre de Flipper.. Cada maniobra que hace usted para no gustarme y para impedir que yo le guste, es un inútil y momentáneo golpe de Flipper.. Yo sé que fatalmente la bola de acero deberá terminar... 
- ¿Donde? 
Ella abrió la puerta con decisión y entró antes que él, sin ni siquiera responder "aquí". 

Dino Segre, "Pitigrilli" (1893-1975)

6 comentarios:

Ñoco Le Bolo 28 de abril de 2010, 11:23  


Me encantó el relato. Una realidad como un templo y es que, lo que no pue zer no pue zer, y ademaz ez impozible.
Y la foto, una expresión genial, huyendo de una fácil simetría.

un abrazo

CristalRasgado & LaMiradaAusente
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Mediterráneo 28 de abril de 2010, 11:28  

Un relato hermoso, lleno de..."¿y, por qué, no?".

Ella indudablemente, fue valiente, para no volver a pronunciar esa palabra: "Flipper". Él, se dejo llevar... creo!

Una fotografía artística! me gustó.

Un beso descorchado.

Víctor Roblas 28 de abril de 2010, 13:17  

Genial fotografía Kiko, todo un alarde de brillos. El encuadre arriesgado, me encanta. Un abrazo.

Montse 28 de abril de 2010, 13:17  

Cuando algo esta claro, hay que ir al grano, y dejarse de tonterias, muy bien por la secretaria.

teresa tejada 28 de abril de 2010, 14:08  

Los caminos del deseo, la gran mayoria de las veces los complicamos y lor retorcemos nosotros mismos,!!!! buen relato y magnifica foto (macro)!!.

Merce 29 de abril de 2010, 16:52  

Y si ella no hubiese mencionado esa palabra? :)

Me gusta la foto y la historia, deberias repetir con mas frecuencia :)


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